miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mas Fracaso Escolar en Cataluña por Bilingüismo

Estudiar en español: doble garantía de fracaso escolar en Cataluña
El informe desmonta un argumento de la Generalidad: el sistema escolar no beneficia a todos los alumnos por igual.

* Duran niega la realidad: "Es posible escolarizar en castellano"

2011-09-14
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LIBERTAD DIGITAL 2

Un informe de la Generalidad catalana muestra que el fracaso escolar entre los alumnos castellanoparlantes es mayor que entre los catalanoparlantes.

El estudio, titulado Informe sobre el riesgo de fracaso escolar en Cataluña, fue elaborado por el Consejo de Trabajo, Económico y Social de Cataluña (CTSEC), organismo perteneciente a la Generalidad, y publicado el pasado junio. El documento confirma que el sistema escolar no beneficia a todos los alumnos por igual, desmontando uno de sus argumentos de la Generalidad para mantener la inmersión lingüística obligatoria.

El fracaso escolar entre los niños castellanoparlantes es el doble que entre los catalanoparlantes: "La lengua hablada en casa sí que tiene que ver con el riesgo de fracaso escolar: según la materia evaluada, el 10,5-11,4% del alumnado de familias que hablan catalán se encuentra en los niveles más bajos de calificación, mientras que en el caso del alumnado de familias que hablan castellano o bien un idioma extranjero estos porcentajes se incrementan hasta el 20,4-24,4% y el 45,2-48,7%, respectivamente".

Mientras los alumnos que utilizan el castellano son inmersionados en catalán obligatoriamente, los catalanoparlantes no lo son, debido a que reciben la enseñanza en su lengua materna.

Según informa La Voz de Barcelona, el documento solo aporta una solución –a pesar de que hay 68 propuestas de actuación- para reducir este fracaso: reforzar la "formación en lengua catalana durante las vacaciones de verano". En el informe tampoco aparece nada relativo a las sentencias judiciales que, desde 1994, inciden en que el español también debe ser lengua vehicular en las escuelas de Cataluña. O en que la inmersión lingüística no puede ser obligatoria y solo voluntaria si antes se tiene la base de un idioma previo.

Por último, otro de los aspectos que produce grandes diferencias del fracaso escolar entre los alumnos es la educación recibida en una escuela pública o en una concertada o privada. "En los centros públicos el porcentaje de alumnos de baja cualificación es aproximadamente el doble que en los centros privados concentrados y casi el triple que en los centros privados independientes". En estos últimos, generalmente, se aplican métodos educativos de bilingüismo -español/catalán- o trilingüismo -español/catalán/inglés u otra lengua extranjera- que son permitidos por el Ministerio de Educación y la Consejería de Enseñanza.

martes, 13 de septiembre de 2011

Fabian Estape: La Historia de una Caida

Ciertamente, en su día no nos sorprendió el anuncio del advenimiento de lo que tantos y tantos aguardaban: la convocatoria de elecciones Generales (sí, sí, Generales con mayúscula).

Esta convocatoria tantas veces reclamada, ya que no solicitada, por el presidente de la oposición, Mariano Rajoy Brey, por María Dolores de Cospedal, el omnipresente Javier Arenas Bocanegra y tutti coloro que se han movido en torno al sacrosanto lugar de la calle Génova, donde se guarda la cartuchera ideológica y táctica del Partido Popular a la espera de recibir un claro homenaje en la contienda electoral venidera.

La fijación de la fecha del 20-N, que desde los sectores disidentes y desencantados se espera que sea mágica, está dando lugar a un previo balance de los desaciertos/triunfos (más de lo primero que de lo segundo) de los que "supuestamente" se van. Y, créanme, incluso para alguien que presume desde hace muchos años de ideología socialista, realmente hay motivos para hacer ese balance.

De todos modos, no es necesario llevarlo al extremo de algunos sabelotodo que están esgrimiendo una actitud de "escrupuloso contable", facilitando una tarea de acoso y derribo que, sin duda, ya se irá haciendo en cuanto se dé el pistoletazo de salida a la campaña electoral (eso sí, blasonando un espíritu ecuánime). Tanto es así que en el momento en que escribo este artículo se están realizando ejercicios curiosísimos para valorar en ambos bandos, separando polvo y paja de las dos legislaturas en las que Zapatero ha regido el rumbo del Gobierno de España.

A título personal, y desde un prisma mayoritariamente económico, he deducido claramente dos periodos en la presidencia de Zapatero: el primero, de 2004 a 2007.

Como dicen que el cielo está empedrado de buenas intenciones, ahí van algunas que se formularon en esta primera fase y que se han quedado en eso, en buenos deseos: la subida del salario mínimo interprofesional (uno de los más bajos de toda la UE en el 2004) hasta los 600 euros en 2008; el aumento del presupuesto para I+D en un 25 por ciento cada año; la mejora del crecimiento y el empleo, que reforma el mercado laboral; un nuevo plan que proporcionaría agua a las regiones mediterráneas basado en la construcción de modernas plantas de desalinización y en una mayor eficiencia del uso del agua a cambio de la supresión del trasvase del Ebro y otras propuestas del Plan Hidrológico Nacional, etc...

Por otro lado, se arbitraron también algunas disposiciones que alcanzaron gran impopularidad al nivel de la calle, como la subida de impuestos indirectos (para el alcohol y el tabaco) y la de la electricidad y los carburantes para sufragar la deuda de las comunidades autónomas, o la creación del Ministerio de la Vivienda, para luchar, supuestamente, contra la burbuja inmobiliaria (que no logró contener la subida de precios, pero dejó chuscas soluciones habitacionales como los minipisos de 30 metros cuadrados).

Los mandatos de Zapatero han atravesado el tempestuoso mar de las opas sobre Endesa, en el que la intervención gubernamental subsiguiente estuvo sujeta a recriminaciones por parte de la UE; la regularización de la inmigración, que también fue duramente criticada por varios vecinos europeos, como Francia -que ya había realizado un procesos similar que fracasó-, Alemania e Italia; por el superlativo encarecimiento del crudo, que provocó huelgas en todos los sectores afectados con los que hubo que negociar duramente; la reforma en 2006 de la Ley de Propiedad Intelectual; la Ley Antitabaco o los enfrentamientos con la jerarquía eclesiástica, por citar algunas de las crestas de ola más altas.

Pero como al César lo que es del César, también en estos años el hacer del Gobierno ha estado marcado positivamente por el proceso de paz con ETA y la lucha contra el terrorismo islamista; la Ley Integral contra la violencia de género; la forja de las bases del Sistema Nacional de Atención a la Dependencia; la "recuperación de la memoria histórica"; el destape de varios casos de corrupción urbanística, inaugurados con el Malaya; la inclusión de Educación para la Ciudadanía; la Ley del Divorcio y el matrimonio homosexual.

2007 y la caída
A partir de 2007, con la crisis en ciernes, se nota una pérdida de gas paulatina y un claro desapego de lo que habían sido estratégicos lazos político-económicos con otros países de la Unión Europea, precisamente en un momento en el que debían haberse cerrado filas.

Pero frente a unos resultados económicos favorables que ya sólo permitían para su revisión el uso de catalejo (nunca el de microscopio, como aplicaron los mercados internacionales antes de perder la confianza en nuestro sistema financiero) y otros asuntos más (el tema letal de las cajas de ahorros, los aeropuertos fantasma, los problemas de los Gobiernos de algunas CCAA, el Estatut catalán...) se fueron disipando los aires triunfales de la segunda llegada al poder.

Se pueden identificar los pecados capitales del Gobierno Zapatero en esta última etapa, no sólo para que se entone el mea culpa, sino para que el sucesor en La Moncloa (sea del partido que sea) aprenda y aplique medidas realmente eficaces. Y esas faltas son: descontrol en el déficit, la negación de la crisis, una reforma laboral tardía y fragmentaria, discordancias en el sistema impositivo, escaso fomento del I + D, pérdida de credibilidad, retraso a la hora de adoptar medidas estructurales para revertir la situación económica y, en su lugar, la adopción de soluciones menores populistas.

Estos siete pecados se encierran en dos: llevar al extremo una política socialdemócrata del bienestar frente y contra al resto de Europa y desaciertos recurrentes a la hora de frenar una de las mayores crisis económicas mundiales de las últimas décadas. Sólo esperamos y deseamos que Zapatero siga la máxima de Cicerón y "esté preparado tanto para ser refutado sin obstinación, como para refutar sin odio". (Et refellere sine pertinacia, et refelli sine iracundia parati sumus. Cicerón. Tuscul. Libro 2º, cap II.)

Fabián Estapé, Economista.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Con Uñas y Dientes de Pedro J. Ramirez

«Con uñas y dientes», de Pedro J. Ramírez en El Mundo

CARTA DEL DIRECTOR

Seguro que a muchos les habrá pasado lo que a mí. Escuchas en tu juventud una frase dramática, rotunda o no digamos campanuda y, por muchos años que vayan transcurriendo, cada vez que la oyes repetida crees revivir, cual si se tratara de un reflejo condicionado, la circunstancia original en que fue pronunciada.

A mí me ocurrió esta semana al leer que la rubia vicepresidenta de la Generalitat Joana Ortega -famosilla no hace mucho por el falseamiento al alza de su currículo- se había comprometido a «defender con uñas y dientes» que el catalán siga siendo la única lengua vehicular de la enseñanza. De repente me sentí transportado de nuevo al hoy Palacio del Senado, donde el 29 de octubre de 1974 asistí como reportero al acto conmemorativo del XLI aniversario de la fundación de la Falange.

En presencia de Franco, reincorporado a la Jefatura del Estado tras su primera enfermedad grave, y de su efímero interino el Príncipe de España, el consejero nacional del Movimiento por Asturias, Francisco Labadíe Otermín pronunció un discurso que para mí -tal vez porque con su bigotito, su camisa azul y su corbata negra, el orador parecía un falangista disfrazado de falangista- continúa siendo la quintaesencia de aquel régimen.

«Yo proclamo aquí con energía dos verdades que no estamos dispuestos a someter a debate ni a consideración electoral», advirtió ardorosamente en el momento clave de su intervención. «Que ganamos una guerra para construir un nuevo Estado… y que defenderemos con uñas y dientes la legitimidad de una victoria que es hoy patrimonio de todo el pueblo español».

Supongo que si Mourinho, Guardiola o, menos verosímilmente, cualquier otro entrenador aupado a la cabeza de la tabla proclamara estar dispuesto a «defender con uñas y dientes» el liderato, también me acordaría de Labadíe Otermín. E incluso que si una mañana se me escapara ante la redacción, no lo quiera el libro de estilo, el propósito de «defender con uñas y dientes» la difusión de EL MUNDO en todos sus soportes, yo mismo me lo haría mirar. Pero es que en este caso la reminiscencia, además de fonética, va mucho más allá de la propia retórica de trinchera y parapeto.

Anticipando la línea argumental que luego haría suya el propio Artur Mas, Joana Ortega advertía que «la lengua forma parte de la columna vertebral de Cataluña como país y marca nuestra identidad como pueblo». Es decir, que la vicepapisa hablaba ex cáthedra, no de lo contingente, sino de lo dogmático. De algo que no sólo queda fuera de toda discusión, sino también lejos del alcance de los propios tribunales y el Estado de Derecho.

La conquista de la inmersión obligatoria no es fruto de una guerra, sino de los ingenuos pactos de la Transición -incluida una ley electoral que otorga demasiadas veces al nacionalismo catalán la llave del Gobierno de España-, pero su elevación al ámbito de lo intrínsecamente inmutable destila el mismo fanatismo totalitario que esgrimían los vencedores de camisa azul y boina roja.

Yo estaba allí aquella mañana de hace 37 años, recién regresado a España tras mi etapa como profesor en Estados Unidos, escuchando entre atónito y compungido cómo aquel fulano que había sido el gobernador civil más joven del régimen y era además veterano de la División Azul, planchaba como una apisonadora las esperanzas de los aperturistas del franquismo. Pero como no quiero fiarlo todo a mi memoria, recurriré a las crónicas no de los oficialistas Arriba o Pueblo o del ya juancarlista ABC, sino de un diario independiente como La Vanguardia Española, órgano de la misma burguesía catalana a la que sigue representando tras haber perdido el apellido.

Según La Vanguardia Española, «un político joven en su madurez sin otro título que el de la representación popular» había «explicado la trayectoria evolutiva del régimen ante su glorioso creador» en un salón que «adquiría un hermoso aire cívico» gracias a la proliferación de camisas azules. «Siete veces fue interrumpido por los aplausos el señor Labadíe Otermín en su discurso» -una de ellas la de «las uñas y dientes», claro- mientras «en la Plaza de la Marina Española el inmenso gentío estacionado prorrumpió también en aplausos de férvido homenaje» a la salida de las autoridades.

Total, que «la mañana que había amanecido de un gris plomizo, exultaba un limpio cielo azul, entre los verdores de los árboles. Una vez más, las palabras de José Antonio encontraban un eco de actualización importante». Y todos desayunaron como si tal cosa en Barcelona.

Entre tanto ditirambo, el cronista de La Vanguardia Española sólo dedicaba línea y media a señalar la ausencia en el banco del Gobierno del ministro de Información y Turismo, «al parecer, por luto familiar». El problema es que el difunto era él mismo, pues Pío Cabanillas había sido destituido esa mañana por el débil Arias Navarro a resultas de las presiones de doña Carmen y otras momias del círculo del Pardo que no soportaban ni el aperturismo político ni el destape erótico que el ministro toleraba en la prensa.

Fue sin duda el trasfondo de ese drama cocinado entre bambalinas lo que me dejó grabada aquella idea fuerza de «las uñas y dientes» que aún araña y castañetea desagradablemente en la memoria. Pero también su inesperada antítesis a través del gesto de un hombre que mientras los demás aplaudían una, dos… hasta siete veces, permanecía ostensiblemente cruzado de brazos en patente señal de desaprobación. Era el ministro de Hacienda y vicepresidente Económico Antonio Barrera de Irimo que esa misma tarde, en un arranque de dignidad personal sin precedentes en aquel entorno político, presentó la dimisión.

Las páginas de La Vanguardia Española de esos días no reflejan muestras de disidencia, ni siquiera de incomodidad. Vamos, que no era Cambio 16, Triunfo o Cuadernos para el Diálogo. Y no estamos hablando de la noche de los tiempos. El propio 29 de octubre se celebró en Barcelona un acto equivalente al de Madrid. Presidió el gobernador civil Rodolfo Martín Villa e intervino el consejero nacional del Movimiento Enrique Sánchez de León. Ambos serían pronto ministros con la democracia. Les rodeaban un sinfín de catalanes de pro. Al término del acto «el gobernador pronunció los gritos de ritual, entonándose el Cara al Sol que fue seguido por todos los restantes brazo en alto».

En 1974, hacía ya unos cuantos años que había desaparecido la censura previa. No se podía publicar todo, pero tampoco era obligatorio publicar nada. Hay que suponer pues que los editoriales que el rotativo barcelonés insertó aquel 31 de octubre y aquel 1 de noviembre reflejan bien la proverbial capacidad de adaptación al paisaje de la sociedad catalana. En el primero, se recordaba, a propósito de la Semana de La Mancha en Barcelona, que «el principal reto que tiene ante sí la política económica del país es el de reducir las desigualdades que se registran en los niveles de bienestar entre unas y otras tierras de España». En el segundo, se daba por hecho que el presidente Arias mantendría los mojigatos principios del llamado Espíritu del 12 de Febrero, «acogidos con esperanza en amplios sectores del país».

Probablemente en ningún lugar de España cuajó de forma tan natural la estrategia del deslizamiento paulatino de una legalidad a otra, la mutación progresiva de la dictadura en democracia como en la Cataluña de Tarradellas y Pujol. Si algo ha caracterizado al nacionalismo de CiU, que ha terminado impregnando con matices tanto a Esquerra como a este PSC a la deriva con el que naufraga Carme Chacón, ha sido el pragmatismo: lo importante no era la velocidad a la que había que alejarse del punto de partida, sino la consistencia del asfalto en la carretera hacia el punto de llegada. Había que hacer el menos ruido posible en una sociedad acomodaticia y enemiga de aventuras, pero había que ir creando las condiciones para que el único proyecto colectivo imaginable terminara siendo la independencia. Ése ha sido durante tres décadas el papel de la política lingüística.

El hecho de que hasta el Tribunal Supremo, en la sentencia que lleva tratando en vano de aplicar, se refiera al catalán como la «lengua propia de Cataluña», demuestra hasta qué punto ha tenido éxito la táctica de ser moderados en todo lo demás y radicales en algo que parecía no crear incomodidad inmediata cada vez que el Gobierno de turno abdicaba de su responsabilidad y hacía una nueva concesión.

La Historia, la Literatura y, sobre todo, el sonido de la calle demuestran que Cataluña tiene dos lenguas propias, de ahí su riqueza, y de la misma manera que en el franquismo se la pretendía mutilar sojuzgando al catalán, ahora se la pretende mutilar eliminando al español de la enseñanza y la vida oficial. El bilingüismo ha pasado de ser una aspiración democrática a un obstáculo para la construcción nacional.

El fanatismo con rostro humano no deja de ser fanatismo. Las personas de timbre cordial y palabras razonables, dispuestas a transar en todo lo demás se vuelven intransigentes, se bunquerizan, según el léxico del tardofranquismo, cuando se trata de la lengua. Hace unos años Artur Mas ya nos sacó de nuestras casillas cuando dijo en un foro de EL MUNDO que el que quisiera enseñanza en español montara un colegio privado «como hacen los japoneses». Ahora pide que no le «toquemos las narices», porque el catalán es para Cataluña, lo mismo que el alemán para Alemania o el español para España. Es imposible ser más claro: en materia lingüística la Generalitat viene actuando como si Cataluña fuera ya un estado independiente, prefigurando así que pueda serlo un día, y por eso pone a los ciudadanos al servicio de la lengua y no a la viceversa.

El vergonzoso entreguismo de un gobierno socialista acoquinado por la magnitud del desastre que se le avecina no puede disimular que, como demostró EL MUNDO, sólo en las Islas Feroe -perdidas en las brumas del océano- y en Cataluña se priva a los escolares del derecho a estudiar en la lengua oficial del Estado. Sin embargo, incluso la timorata doctrina del Constitucional aplicada por el Supremo, que ahora trata de ejecutar el Tribunal Superior de Cataluña, pidiendo perdón por tener que hacerlo, les parece inadmisible a los camisas viejas de la inmersión obligatoria. ¿Que una parte de las materias se imparta en castellano? De ninguna manera. Y por eso exigen a los jueces españoles que saquen sus sucias manos de su sistema educativo.

Hoy, 11 de septiembre, los nacionalistas catalanes reeditarán sus fantasías anuales a base de discursos, ofrendas florales, senyeras al viento y falsificaciones históricas de forma equivalente a como lo hacían los falangistas cada 29 de octubre. Acudirán al Fossar de les Moreres junto a Santa María del Mar como se peregrinaba al Valle de los Caídos. Con la denuncia del «acoso» de los tribunales a la «llengua», el victimismo estará servido y por ende la radicalización del mensaje. Pero mucho me temo que, ni siquiera entre las filas de Unió, surgirá nadie capaz de cruzarse de brazos en señal de desaprobación y disidencia, como lo hizo hace 37 años quien hoy es mi vecino de inmueble en una plaza de evocaciones liberales en la arteria principal de Madrid.

Pese a ser uno de los hombres más capaces de su generación, Antonio Barrera de Irimo nunca volvió a la política. Cada vez que me lo encuentro en el portal, arrastrando con jovialidad sus problemas motrices de octogenario, me detengo a saludarle. Siempre decimos que tenemos que hablar y no lo hacemos nunca. Pero él sabe que yo sé; que nunca dejo de acordarme del ejemplo moral, de la fuerza inspiradora que su negativa a comulgar con ruedas de molino tuvo para quienes entonces nos levantábamos cada mañana con la rebeldía del himno de Raimon en la comisura de los labios: «No, jo dic no, diguem no. Nosaltres no som d’eixe món».

lunes, 5 de septiembre de 2011

El Dinero Barato es el Más Caro

Hace aproximadamente año y medio tuve problemas con mi vehículo y en distintas ocasiones acudí al taller para repararlo. Un conocido, enterado de mis vicisitudes, se quedó extrañado y me preguntó el motivo por el que seguía con él, ya que, según su opinión, era más práctico comprar un coche a plazos que tener que arreglarlo con tanta frecuencia. Le expliqué las estimaciones que había realizado, y que, según éstas, era superior el importe de la amortización y de la financiación de un coche nuevo que el mantenimiento del actual, que por su edad se encontraba prácticamente amortizado. Mi interlocutor atendió a mi explicación aunque no pareció muy conforme con ésta. Recientemente la misma persona me volvió a preguntar por mi coche y le dije que seguía con él, pero, que se averiaba menos, a lo que me respondió que me podía considerar afortunado, ya que no estaba el panorama para cambiar de vehículo, por mucho que hubiese que llevarlo al taller.

Resulta curioso comprobar cómo, ante la misma situación, se reacciona de manera distinta en apenas año y medio. Y es que, donde antes se veía certidumbre, ahora se ve riesgo. La mayoría de la gente creía, no hace mucho, que el futuro iba a carecer de sorpresas negativas, y que, en general, las cosas iban a transcurrir de manera similar, e incluso mejor, a como estaban ocurriendo. Por lo tanto, recurrir al endeudamiento no resultaba arriesgado, y el pago del préstamo no entrañaba problema alguno. Así, muchos buscaron financiación a periodos muy elevados, de incluso varias décadas en el caso de préstamos hipotecarios para la adquisición de inmuebles, con cuotas de amortización que suponían gran parte de los ingresos personales. Esta misma impresión también era compartida por empresarios, que acometían proyectos de inversión sin miedo al futuro, minusvalorando posibles riegos. La infravaloración del riesgo trajo consigo que se emprendiesen negocios con escasa rentabilidad, condenados al fracaso en cuanto surgiese la más mínima dificultad.

Cuando tantas personas, algunas de ellas asesoradas por equipos muy reconocidos, han infravalorado los riesgos cabe preguntar qué les ha conducido a ello. Sin duda un factor muy importante han sido los bajos costes financieros que han existido en los últimos años. Durante este periodo, obtener financiación ajena ha resultado prácticamente gratis, ya que los tipos de interés de los préstamos bordeaban la tasa oficial de inflación. Por tanto existía la percepción de que los préstamos salían prácticamente gratis. Por otro lado, la gente veía que ahorrar dinero era algo inútil, ya que los depósitos e imposiciones obtenían unos rendimientos por debajo de la inflación oficial. Ante esta pérdida de valor de los ahorros monetarios cabían dos alternativas: gastar dicho dinero antes de que se deteriorasen más, o invertirlos en productos sofisticados que aparentemente prometían mayor rentabilidad.

Por tanto nos encontrábamos ante un fenómeno aparentemente contradictorio, se ahorraba menos y se invertía más. Es decir, disminuía la oferta y aumentaba la demanda, y sin embargo, el precio que se pagaba por el dinero, es decir, el interés, seguía en niveles muy bajos. La razón era bastante sencilla, ya que los bancos centrales se encargaban de suministrar dinero abundante y barato, por lo que no ascendían los tipos de interés. Sin embargo esta sobreabundancia de dinero barato tenía sus consecuencias. De un lado la moneda se envilecía comparada con otras inversiones. Así primero se disparó el precio de las acciones y posteriormente el de los inmuebles. De otro lado el recurso a la financiación ajena se disparaba, y se acometían proyectos de cada vez rentabilidad más dudosa. Y finalmente los particulares dejaban de ahorrar ante el deterioro de su moneda por la inflación real.

Esta mezcla de factores sólo podía acabar estallando, como finalmente ha ocurrido, y tanto particulares como empresas se han encontrado con deudas muy elevadas, y graves dificultades para amortizarlas. También el sector financiero se ha encontrado con graves problemas de liquidez para asumir sus propias deudas, y con la elevación de las tasas de morosidad.

Por tanto, la política de dinero barato que han practicado los principales bancos centrales va a salirnos muy cara, provocando la ruina de numerosas personas. Si éstos no hubiesen optado por mantener tasas de interés artificialmente bajas y se hubiesen preocupado por mantener el valor de su producto, es decir, la moneda, no nos encontraríamos con la crisis que actualmente afrontamos.

Tipos de Interés Barato: Riesgo de Burbuja

"El dinero barato causa la crisis inmobiliaria"
La economista y escritora Loretta Napoleoni aplica el análisis marxista a la economía de hoy

FERNANDO SAIZ Madrid 05/05/2008 21:41 Actualizado: 06/05/2008 09:23
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Loretta Napoleoni, en la terraza de un hotel del centro de Madrid.MÓNICA PATXOT
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Bernanke pide al Congreso que tome más medidas contra la crisis inmobiliaria
Loretta Napoleoni publica esta semana Economía canalla. La nueva realidad del capitalismo, un ensayo descarnado sobre los problemas económicos del mundo actual. Su descripción, “basada en el análisis marxista”, mete el bisturí en el capitalismo global y llega a conclusiones tan controvertidas como que la caída del Muro de Berlín, y la consiguiente extensión de la democracia, ha facilitado la explosión de la economía criminal. En su opinión, la crisis del sector inmobiliario está provocada por la existencia de unos tipos de interés demasiado bajos. Napoleoni, nacida en Roma y que vive actualmente en Londres, se autodefine como “economista” y “ante todo, no política”.

¿En qué consiste exactamente la economía canalla?

Canalla es un término deliberadamente ambiguo. Es la economía ilegal o criminal, pero también la que se mueve en las zonas grises fuera del control de las autoridades, como la prostitución, el esclavismo laboral, la pesca ilegal o las falsificaciones. La idea original del libro era tratar de averiguar por qué no está funcionando el capitalismo global. Y la conclusión a la que he llegado es que, aunque la globalización en sí podrá llegar a ser positiva al final del proceso, en la transición hacia ese nuevo modelo florece la economía canalla, porque los poderes públicos son incapaces de regular un cambio tan rápido y profundo. En realidad, esto ya ha ocurrido antes, por ejemplo durante la Revolución Industrial. Al final, todas estas transformaciones impulsan el progreso, pero mientras tanto pasan cosas tremendasy la economía sufre.

¿La globalización, entonces, es un fenómeno positivo?

Yo creo que era y es inevitable. El capitalismo no tenía otra alternativa. Es como los videojuegos: cuando llegas a un nivel, necesitas otro nivel para seguir jugando. El capitalismo necesitaba la globalización.

"La economía criminal florece en las áreas grises de la globalización"
¿Y que va a ocurrir ahora?

Lo que va a pasar es que Occidente va a ser menos importante que antes y va a tener menos control sobre lo que pasa en el mundo. El nuevo centro se va a desplazar hacia la zona de Asia y Oriente Medio. Y lo que tenemos que hacer es aceptar la inevitabilidad del proceso. Es una ilusión pensar que Estados Unidos va a ser siempre la economía más importante del mundo. Pero esto es difícil de aceptar por parte de los occidentales, que prefieren creer a economistas como Naomi Klein y pensar simplemente que todo es un desastre y que el capitalismo occidental es la causa de todos los problemas, en lugar de admitir que el sistema está cambiando profundamente.

En el libro aparecen continuas referencias a la caída del Muro de Berlín como catalizador de este proceso de cambio...

Sí, la caída del Muro es el estímulo principal de la globalización. Antes de eso, la globalización era incompleta, pero con la destrucción del comunismo y la introducción de la democracia en países del Este de Europa y en Asia, el proceso se puso en marcha. Si no hubiera caído el Muro, no estaríamos hablando de esto aquí.

¿La crisis financiera mundial es otro signode la economía canalla?

Sí, es un ejemplo claro e interesante de la economía canalla, porque es una crisis relacionada con la concesión de hipotecas a gente que no podía pagarlas y que luego se empaquetan como productos financieros. Esto se pudo hacer en EEUU porque no había legislación al respecto, era un área gris. Y ahora tampoco se sabe cómo se va a resolver, porque los bancos se niegan a que se regulen sus actividades, pretenden que se apliquen códigos de autorregulación.

"Hay que aceptar que el nuevo centro del mundo se va a desplazar a Asia"
El otro gran problema de la economía mundial es la subida del precio de los alimentos. ¿Hay suficientes recursos para dar de comer a todo el mundo?

Sí, claro que sí, no es un problema de recursos, sino de precios altos. El neoliberalismo ha creado un modelo que prima la producción para la exportación, y no para el mercado local, de tal forma que se da la paradoja de que países como India o Egipto no producen lo suficiente para el consumo interno y tienen que comprar arroz o trigo a precios internacionales, que son cada vez más altos. Sin embargo, los salarios de los trabajadores que trabajan en el campo no crecen.

En España también tenemos una fuerte crisis en el sector inmobiliario. ¿Qué podemos aprender del ajuste de los precios en Estados Unidos y en Reino Unido?

Todo tiene la misma raíz: unos tipos de interés demasiado bajos. La culpa es del anterior presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan. Eso lo saben todos los economistas de Wall Street. Estados Unidos ha utilizado los tipos de interés bajos para facilitar la transición hacia la globalización. Cada vez que había una crisis, como la México o la de los países del Sudeste asiático, se bajaban los tipos. Y en el sector inmobiliario, el dinero barato provocó el crédito fácil en hipotecas y la gente empezó a demandar pisos no para vivir sino para invertir, y se creó una ilusión de mercado. Ahora, las cosas han cambiado y no hay demanda.

¿Eso vale también para España?

Por supuesto. También aquí los tipos de interés han estado demasiado bajos. ¿Cómo se puede comprar en España o en Italia una vivienda que vale muchísimo dinero con un salario medio de 1.200 euros al mes?

domingo, 4 de septiembre de 2011

Sobredosis. La Próxima Crisis Financiera - Martin Borg

Adios Zapatero de Arturo Perez Reverte

No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.